el blues del teléfono
Odio esperar a que suene el teléfono
un día soleado se vuelve gris
una sonrisa se vuelve mueca.
Odio tanto esperar a que suene el teléfono
Negras velas surcan los mares de mi pensamiento
Odio en extremo esperar a que suene el teléfono
tanto lo odio,
odio infinito, odio perverso
odio cóncavo y convexo
odio siniestro, tanto odio tanto
hasta que accidentalmente lo pierdo.
(el teléfono, bueno fuera que el odio)
Por lo menos ahora sé
que menos que nunca sonará el teléfono.
nada funciona
en noches como ésta,
me tumbo en la cama
me abrazo (tiernamente)
y me dejo llevár por la melancólica música
el ipod proyecta un haz de luz en el techo
y me siento tristemente yo.
un poco derrotada, un poco humillada
ya sabemos la historia del gato al que le gusta creer
del gato al que le gusta
del gato….
esperar algo, no funciona
no esperar nada, tampoco
nada funciona, esa es la verdad
no es algo que se haya roto
así ha estado siempre
sin funcionar.
nada, excepto tal vez
romperse algunos huesos
quedar inerme ante música
ante fuerza de gravedad
ante la levedad,
sobre todo.
sospechan bien:
de la luna ni sus luces,
estaré bajo la cama….
Costumbres de gatos
A veces la tristeza
me hace bajar las orejas,
meterme bajo el sillón y no salir
hasta estar segura de que la luna está llena
y que entra su luz por la ventana.
A veces la felicidad
me hace dar brinquitos hacia atras y adelante
escribir cartas a los amigos vivos
y a los poetas muertos,
a los amigos y a los poetas malditos
(malditos de diferentes modos, eso sí).
Y escribirle cosas, así sin sentido
a los poetas que de un momento a otro
me dicen quedito al oído,
arañame la espalda, nomás poquito…


